Hablé
con la estrella más brillante. Me dijo su edad; es tan longeva que si cierro
los ojos, puedo ver que todavía sigue contando.
Me preguntó mi nombre. No mi nombre mortal, el nombre de mi alma el cuál es YAVEH. Me confesó que el suyo es Aramiel en la lengua de los astros. Hablamos un siglo, o un segundo. Nos tomamos pausas y prudencias, pero es posible la velocidad de la luz mediara entre nosotros. Nos dijimos muchas cosas, pero existe la posibilidad de que solo nos contempláramos en silencio.
Me preguntó mi nombre. No mi nombre mortal, el nombre de mi alma el cuál es YAVEH. Me confesó que el suyo es Aramiel en la lengua de los astros. Hablamos un siglo, o un segundo. Nos tomamos pausas y prudencias, pero es posible la velocidad de la luz mediara entre nosotros. Nos dijimos muchas cosas, pero existe la posibilidad de que solo nos contempláramos en silencio.
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