Mi más
astuto enemigo,
el que con condescendencia
y falsaria docilidad, me doma
Con morosa tolerancia
sabe mermar y cincelar
las aristas de mi ser
que me previenen del sopor
que infunde la emanación
de la complacencia,
el placer.
Nos batimos en un duelo de pasividades,
de faenas psíquicas,
de intercambios invectivos,
de reculos y embestidas
(de la voluntad y del deseo);
y la inteligencia,
ajena, imparcial o tal vez
ya resignada ante la imbatible
sin razón unigénica
de la satisfacción.
La abundancia del goce herrumbra el alma.
Deslava su fiereza y ardor.
Transmigra su esencia a la de un reloj de arena,
desgranándose tardíamente- consumando su reposo,
en el cuerpo final, de un árido desierto.
el que con condescendencia
y falsaria docilidad, me doma
Con morosa tolerancia
sabe mermar y cincelar
las aristas de mi ser
que me previenen del sopor
que infunde la emanación
de la complacencia,
el placer.
Nos batimos en un duelo de pasividades,
de faenas psíquicas,
de intercambios invectivos,
de reculos y embestidas
(de la voluntad y del deseo);
y la inteligencia,
ajena, imparcial o tal vez
ya resignada ante la imbatible
sin razón unigénica
de la satisfacción.
La abundancia del goce herrumbra el alma.
Deslava su fiereza y ardor.
Transmigra su esencia a la de un reloj de arena,
desgranándose tardíamente- consumando su reposo,
en el cuerpo final, de un árido desierto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario