domingo, 30 de noviembre de 2014

Tu alma


Tu alma me espeja  en su quietud lacustre,
En su silencio monástico.
Sin turbulencia, tu dolor se vuelve obvio
Cuando puedo sentirlo:
Como un té que hirvió frío.
Como un limón de sabor ambiguo.
Una ligera agua espesa me recorre la garganta.
Una angustia graciosa se me ocurre.

Mi alma, que se me olvida el nombre
Cuando solo cavilo en el tuyo,
Queda huérfana de carne que le obre méritos.
Cuando tu lejano amor derrama color en mi diafanidad;
Cuando desato los nudos, deshago los votos;
Cuando desenhebro los filamentos de mi voluntad.
Ya no me opongo a tus juicios.

Tu piedad, dictamen salomónico,
Me adiestra en la comprensión pura;
Me arranca de la piel de perro salvaje;
Me enseña a ser un hombre.
Un mejor hombre.
Por eso te soy devoto.
Y por eso te soy devoto.













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