Tu
alma me espeja en su quietud lacustre,
En
su silencio monástico.
Sin
turbulencia, tu dolor se vuelve obvio
Cuando
puedo sentirlo:
Como
un té que hirvió frío.
Como
un limón de sabor ambiguo.
Una
ligera agua espesa me recorre la garganta.
Una
angustia graciosa se me ocurre.
Mi
alma, que se me olvida el nombre
Cuando
solo cavilo en el tuyo,
Queda
huérfana de carne que le obre méritos.
Cuando
tu lejano amor derrama color en mi diafanidad;
Cuando desato los nudos, deshago los votos;
Cuando desenhebro los filamentos de mi voluntad.
Cuando desato los nudos, deshago los votos;
Cuando desenhebro los filamentos de mi voluntad.
Ya
no me opongo a tus juicios.
Tu
piedad, dictamen salomónico,
Me
adiestra en la comprensión pura;
Me
arranca de la piel de perro salvaje;
Me
enseña a ser un hombre.
Un
mejor hombre.
Por
eso te soy devoto.
Y
por eso te soy devoto.
Palabras que inundan...
ResponderEliminar